Las carreritas. Las
horas nocturnas de la madrugá siguen siendo las de mayor tensión en
las calles. Aprovechando la confusión generada por varios episodios
de violencia, los gamberros de siempre intentaron de nuevo convertir
a las cofradías en el blanco de sus desmanes. El fantasma de las
carreritas de 2000 sigue planeando sobre la noche más hermosa,
quizás porque la autoridades nunca ofrecieron una explicación más
convincente de aquel episodio. De nuevo ese año hubo capirotes en el
suelo, nazarenos corriendo, madres llorando y crisis de ansiedad. Las
afectadas: La Esperanza de Triana, Calvario y Gitanos.
Desgraciadamente, el fantasma de
las carreritas de la madrugá del 2000 siga siendo sonar sus cadenas
por Sevilla en una noche donde el público padece, por añadidura,
desierta y perceptibilidad. El primero de los tumultos registrado
esa noche se produjo a la salida de Los Gitanos. Una pelea sumada a
la histeria de “un padre pierde a su hijo en medio de la bulla y
se pone a chillar” originó un conato de avalancha desde la calle
Verónica cuando aún no había salido el paso de señor. La reacción
de la hermandad fue cerrar momentáneamente las puertas del
santuario. Enseguida se repuso la tranquilidad.
En la confluencia del puente de
Triana con el paseo de Colón, una vez que transcurrió por allí el
paso de misterio, también se origina una pelea, pero según el Cecop
no se atiende a ningún herido por apuñalamiento como sin embargo
adelanta la radio con todo lujo de detalles.
Las escenas de mayor tensión se
viven momentos después en el entorno de la plaza de la Magdalena y
en el de Reyes Católicos. Entre la 4.15 y las 4.20 horas, con el
palio del Calvario recién plantado en la calle y dispuesto a enfilar
la plaza de la Magdalena, varias estampidas desencadenaron el pánico
y la confusión entre el público. Los penitentes que van detrás de
la Virgen de la Presentación pusieron sus cruces arriba. La cruz de
guía de la Esperanza de Triana, que sigue a cierta distancia al
palio de la Magdalena, retrocede sobre sus pasos. La ola de
histerismo colectivo alcanza de lleno al paso de Cristo de las Tres
Caídas, que trascurre por la calle San Pablo. El tramo de cirios
rojos, el mas cercano al paso, resulta literalmente arrasado. Hay
nazarenos corriendo, madres llorando, niños asustados, capirotes por
el suelo y crisis de ansiedad.
Un nazareno rueda por el suelo.
Varios jóvenes tiran una moto, de la que se desprende liquido. La
banda de las Tres Caídas arranca a tocar para trasmitir una
sensación de tranquilidad. Según el Cecop, los tumultos solo
produjeron algunos contusionados al golpearse con algún bordillo a
la carrera. Cruz Roja y 061 también atendieron a algunas personas
afectadas por crisis de ansiedad.
Pese la existencia de estos
tumultos, las seis hermandades de la Madrugá cumplieron felizmente
sus estaciones de penitencia. Uno de los indicadores mas certeros de
esa normalidad es el estricto cumplimiento de los horarios en carrera
oficial. La Madrugá se saldo en el palquillo de la Campana con un
retraso de apenas 8 minutos, gracias a gran parte al enorme esfuerzo
realizado por las cofradías de capa, que entraron en carrera
oficial con sus nazarenos dispuestos en filas de tres en fondo.
La de 2009 podría también
pasar a la historia como una de las mas largas. La costuras horarias
de la jornada sean desbordados: entre la salida de la cruz de guiá
de la macarena – que se puso en la calle a las 23.45 horas para
aliviar la falta de espacio en la Basílica a consecuencia de la obra
en el museo – y la entrada de último paso, allá por las 15.18
horas de la tarde del Viernes Santo trascurrieron mas de 15 horas y
media. El Viernes santo abría el telón solo 20 minutos después, a
las 15.18 horas en el patrocinio.
Sobresaliente el trabajo de las
cuadrillas de la Esperanza de Triana. El misterio ofreció la levantá
en la campana por el arzobispo Coadjutor. Mientras que el palio de la
esperanza se recreo primoroso en su entrada a la carrera oficial.
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