Crónica de la tercera Semana Santa consecutiva en las que solo llegaron a la Catedral la mitad de las Cofradías.
Tercer año a medias.
Sólo 32 hermandades llegaron a la Catedral en un año marcado por la lluvia y la polémica.
Vísperas: Preludio de lo que estaba por venir.
El Viernes de Dolores fue pleno. No así el Sábado, donde la lluvia amenazó los estrenos de San José Obrero y Alcosa.
Novedades. Sobre estas líneas, la Virgen de la Purísima Concepción se sumó por primera vez al cortejo del Divino Perdón de Alcosa el pasado Sábado de Pasión.
Nuevos
nazarenos. Pese a la amenaza de
lluvia, la hermandad de San José Obrero pudo estrenar en la calle
su condición de penitencial.
Las
jornadas de Vísperas han resultado ser el mejor compendio de la
Semana Santa de este año. Así, Viernes de Dolores y Sábado de
Pasión fueron la cara y cruz de todo lo que se vivirá días después
a consecuencia de una inestabilidad atmosférica que marcó toda la
semana entre chaparrones. El Viernes de Dolores fue perfecto. Las
seis hermandades de la jornada pudieron hacer estación de penitencia
sin ningún sobresalto al dispararse por la tarde cualquier amenaza
de lluvia. Pero el Sábado de Pasión no tuvo la misma suerte con la
lluvia y quedó reducido a la mitad, se quedaron en casa la hermandad
de Torreblanca y la Milagrosa.
2013
será recordado en Torreblanca con el
annus horribilis. Primero
lo del Viacrucis de la fe y la imposibilidad de pisar la Catedral, y
en Semana Santa por tener que renunciar la estación de penitencia.
La Milagrosa también se quedó en casa tras a ver recibido la nómina
de hermandades para ir a la Catedral.
Domingo
de Ramos.
Del caos a La Estrella.
Hermandades buscando refugio por
la lluvia, templos cerrados... sólo “La Valiente” retó a un
cielo amenazante.
En
términos musicales, la desilusión fue la tónica dominante de un
Domingo de Ramos que, con su cielo caprichoso prestó a descargar
lluvia. Cuando la Paz puso su Cruz de guía en la calle muchos
pensaron que el día iba ser conquistado, que las nubes pasarían de
largo, casi como pidiendo perdón por tanta amenaza. Hasta cinco
cofradías se echaron a la calle una tras otra, una concatenación.
Durante toda su vida rememorará el menudo nazareno de La Borriquita,
Luis Mora-Figueroa, su petición de venia en la Campana. Por que en
ese justo instante, el cielo comenzó a descargar agua. La tarde se
comenzó a deshilachar por instantes. A La Cena, que le pillo la
lluvia una vez sus pasos en la calle, la calló tal cantidad de agua
que caundo logró guarecerse en Los Terceros. Al Cristo de la Buena
Muerte de la Hiniesta le sorprendió un cielo negro como el carbón.
Los 950 nazarenos de La Borriquita penetraron en la Carrera Oficial y
desde Sierpes, Sagasta mediante, regresaron al Salvador. Jesús
Despojado se mojó en el parón que sufrió en la calle O'Donell, con
la Virgen con el manto cubierto por un plástico. ¿Y la Paz?¿En la
calle desde el mediodía?, el Señor de la Victoria se aguareció en
el Arquillo del Ayuntamiento y la Dolorosa en el arco del Postigo. En
San Roque con un aplauso digieron que no salían. Más aun, en La
Estrella se recibía con ¡vivás! La desición de hacer Sevilla
Triana. La
Valiente hizo
buen tópico y llenó una tarde de Domingo de Ramos con los sones de
Estrella Sublime.
Lunes
Santo. Riesgo
calculado.
La lluvia intimidó a las nueve
hermandades pero todas lograron completar sus estaciones de
Penitencia.
El Lunes Santo fue el primer día
de la Semana Santa en que prosesionaron todas las Hermandades. El
Cautivo de San Pablo decidió salir. Había un 70% de probabilidad de
lluvia, de hecho estaba chispeando cuando el Hermano Mayor dijo: “No
puedo dejar a mis hermanos otro año más en casa. Que sea lo que el
Cautivo y la Virgen del Rosario quieran”. El freno lo echó San
Gonzalo. La cofradía de Triana, que en un año antes se había
refugiado de la lluvia, pidió una hora más. San Gonzalo pidió otra
media hora más y al fin se decidió salir... La lluvia había
perseguido a todas las hermandades, pero no atrapó a ninguna.
Martes
Santo. La
peor pesadilla.
Por tercer año consecutivo,
ninguna hermandad pudo procesionar.
El
Dulce Nombre y Santa Cruz cerraban las malas noticias. El año que
viene, seguro, que será mejor.
Miércoles
Santo. Un
día para olvidar.
Jornada de ausencias y de
decisiones poco afortunadas. La lluvia cumplió su pronóstico... y
en la Campana se vio se oyó lo que nunca debió suceder.
Hay que comenzar por el final,
por lo que no devió ocurrir, por lo que no es hermandad, ni debe ser
Sevilla. Abucheos al paso de una hermandad, causante aposta o no de
un desafortunado incidente que provocó la esperada de la lluvia a la
que desafinaron hasta seis hermandades, y acabó en
¿guerra?¿Ridículo?, Cuando los Panaderos decidieron volver a su
capilla tras dar la vuelta a la Campana luciéndose más de la cuenta
y la Cruz de guía de la Hermandad de La Lanzada acabó casi cortando
el paso de palio de la Virgen de Regla. La culpa se la siguen echando
unos a otros: el delegado de día, el presidente del Consejo y los
hermanos mayores de ambas corporaciones: “Nosotros les dijimos que
fueran rápido”, “No actuaron como Cristianos”, “Teníamos
prioridad”, “Si el Cristo hubiera ido sin música no hubiera
pasado nada”. Lo dicho. Ridículo. Pero hay que volver al inicio de
la jornada. Un comienzo triste que tomó las Hermandades de La Sed y
San Bernardo. Pero poco después, el paso se cambió en la calle
Feria. El Carmen Doloroso, entre la valentía y quizás, la
irresponsabilidad, decidió hacer frente a las malas previsiones que
auguraban una probabilidad de lluvia del 80%, y tras pedir una hora
de prórroga, puso su Cruz de guía en la calle a la 16.25 horas. No
muy lejos de la Alameda la hermandad del Buen Fin decidió no salir.
“Si sale el Cristo de Burgos es que no va llover”, decían los
cofrades. Pero se equivocaron, también se encontraron un coche en la
Cuesta del Rosario. Cuando en San Vicente salía las Siete Palabras,
las previsiones meteorológicas habían descendido a un 40%. La
dificultosa salida fue seguida en silencio por el numeroso público
que a esas horas de la noche esperaba el momento y vio cómo los
remates de los varales del palio de la Virgen de la Cabeza rozaban el
dintel. El intenso y prolongado chaparrón les sorprendió en plena
Carrera Oficial, y optaron seguir adelante y regresar a su templo lo
antes posible. Fue la última cofradía en hacer estación de
Penitencia, puesto la última en salir (volviendo al principio) fue
la hermandad del Prendimiento, que tal como entró en la Campana
siguió adelante para regresar a su capilla de San Andrés. Su
turbulenta vuelta fue la triste noticia de un día para olvidar.
Jueves
Santo. Bordado.
La jornada resultó la perfecta
tras dos años en blanco por la lluvia.
Sevilla tenía tantas ganas de
Jueves Santo que parece que los cofrades unidos soplaron las nubes
para que despejaran el cielo. Tras dos años en blancos, la jornada
resultó redonda. Los Negritos estrenaba recorrido se ida por
Guadalupe y Santiago, con saludo a la Hermandad de la Redención
incluido además del tradicional a San Roque nada más salir. Cuando
llegó a la Catedral los oficios aún no habían acabado. Además un
panal de abejas en la Puerta de Palos, que retiraron los bomberos,
también retrasó su salida de la Catedral. Desde la fábrica de
Tabacos, la Hermandad de las Cigarreras inauguraba el día. Y es que
la corporación está inmersa en la conmermoración de sus 450 años,
motivo por el que la Virgen de la Victoria presidirá una función
extraordinaria el próximo 5 de Octubre en la Catedral. Monte-Sión
trajo consigo la alegría de la calle Feria y los pequeños detalles
de las que siempre hace gala. El Señor de la Oración en el Huerto
-exornado con flores malvas-. La Virgen del Rosario llevaba un broche
de Gracia y Amparo, dos muestras de cariño hacia las hermandades de
la feligresía a las que la lluvia les había impedido hacer estación
de penitencia. Bajo el antifaz morado de los nazarenos de la Quinta
Angustia se estrenaban por fin las hermanas. El Cristo del
Descendimiento recuperó el cimbreo. A pocos metros de su templo,
mientras el paso de los espejitos, recien restaurado, iniciaba la
Carrera Oficial, comenzó a llover. Debido al retraso de la jornada,
entró en su templo cuando ya el Nazareno del Silencio había llegado
a la Campana. La Virgen de la Merced estrenó la banda de la Oliva de
Salteras.
Madrugá.
Como en la Cenicienta.
Las campanadas de las siete
trajeron la lluvia desbaratando el sueño de la noche más hermosa.
Las cofradías de capa buscaron refugio. La Macarena apeló a la
épica para regresar a casa.
La cofradía del Arco aprobechó
un claro a eso de las nueves y media de la mañana para reunificar su
cortejo -el misterio de la Sentencia se había guarecido en la
Anunciación- y poco más de hora y cuarto plantarse en el atrio,
siempre por el camino más corto. Poco después de las 11.30 horas el
paso de la Esperanza posaba sus zancos en la Basílica echando el
telón a una Madrugá de sinsabores. La lluvia, que comenzó a
descargar sobre la capital al filo de las 7.10 horas, había
desbaratado por completo la Madrugá, (menos el Silencio), obligando
al Gran Poder y al Calvario a retonar apresuradamente a sus templos y
las tres cofradías de capa a improvisar sendos refugios. La
Esperanza de Triana, llegando la Esperanza al palquillo, le dijeron
que a la Media hora iba a caer la una tromba de agua en Sevilla. Como
en el cuento de la Cenicienta, las campanadas de las siete de la
mañana rompieron tanta felicidad. La lluvia arrasó a su paso con el
eco sonoro de la lejanía de la marcha Virgen del Valle cuando
el dulcísimo Nazareno alcanzaba el palquillo, con los cánticos del
coro gaditano de Julio Pardo a la Esperanza de Triana en la calle
Pureza, y con la magia que envolvió la portentosa saeta de Manuel
Cuevas a la Macarena en la plaza de la Campana. Los Gitanos y la
Esperanza de Triana retornaron a sus templos en la mañana de Sábado
Santo rodeadas de un ambiente de devición y fervor.
Viernes
Santo. Otro Viernes de aguas.
La lluvia se encargó, un año
más, de sentenciar un Viernes Santo que ya había sido amenazado por
una Madrugá incompleta. Esta vez todas y cada una de las cofradías
de la jornada decidieron con acierto quedarse en sus respectivos
templos.
El Viernes Santo amaneció
derrotado por una Madrugá incompleta. El año que biene será mejor.
Sábado
Santo. Un día sin sobresaltos.
La única jornada en la que no
llovió, salieron todos los cortejos y se celebraron dos traslados.
El Resucitado tuvo que quedarse en casa.
Sin
rastro de la lluvia que había marcado, de una forma u otra. Un total
de 131 nazarenos acompañaban este año a los pasos de la hermandad
del Sol, un monte se extendía a los pies del Varón de Dolores,
orquídeas y alhelíes exornaban al paso de la Sacra Conversación.
La Virgen de los Dolores de la hermandad servita estrenaba para la
ocasión saya y manto. La Trinidad aporta el último aliento de
barrio a esta Semana Santa. Tras el Decreto, aún de madera, el paso
del misterio del Cristo de las Cinco Llagas va adquiriendo color en
sus cartelas. La levantá en la Campana estuvo dedicada a la madre de
los Villanueva, fallecida quince días antes. Una representación de
nazarenos de San José Obrero. El palio de la Esperanza recibió una
petalada en la esquina del Duque con la Campana. El monte de la
Canina, adornado solo por flores malvas, echó falta este año la
yedra. El paso del Yacente salió finalmente con lírios morados. El
paso del Duelo cruzó la Campana con la marcha Amarguras.
Rosa achampadas exornaban el paso de la Soledad de San Lorenzo, a la
que le llovieron saetas.
Todo estaba cumplido.
Sólo quedaba la Resurrección. Pero la lluvia también truncó su
salida. El 13 de Abril de 2014 será Domingo de Ramos.



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