El
primero que vio esa Virgen fue mi Tío Pepe, José Antonio Calvo, que
era el sacristán de San Bartolomé y estando para cerrar la iglesia
descubrió que había sentado un chiquillo. La iglesia se quedó
vacía y como no se iba, mi tío se acercó y le dijo que iba a
cerrar. Le contestó que se había enterado de que la hermandad
estaba buscando una talla de la Virgen y que él había hecho una,
por si querían verla. Le dijo que lo esperara, que cuando cerrara la
iglesia lo llevaría a casa en moto y así el vería la talla. Cuando
mi tío vio la imagen se quedó de piedra al ver algo tan precioso, y
no se explicaba cómo esa talla podía haber salido de unas manos tan
jóvenes. Volvió mi tío a su casa, cogió unas cuantas prendas
adecuadas, regresó a casa del chico y vistió la talla para que
estuviera más presentable ante los hermanos. Así fue cómo a los
pocos días mi tío y Álvarez Duarte, que así se llamaba el
chiquillo, presentaron la talla a los hermanos, que quedaron
impresionados ante tanta belleza. El nombre de la Virgen (después de
barajarse varios, entre ello de los Dolores) lo propuso don Salvador,
párroco por aquel entonces, que dijo que se llamara Guadalupe. Y así
nació nuestra hoy Virgen de Guadalupe.
ELISA
NAVARRO CALVO.
SEVILLA.
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