De
la hechura del Cachorro a la visita del Gran Poder a un vecino de
Nervión. Tradiciones y leyenda entretejen la historia de las
cofradías sevillanas.
Agonía
historiada. Ruiz Gijón
concibió al Cristo de la Expiración en base en base a aquel
moribundo de la Cava herido de muerte por un puñal. La historia ha
sido asumida por todos, incluida por la propia que acogió la
dominación de Cachorro de Triana.
¿Cuento
o realidad?
Leyendas
que sustentan las devociones de nuestra Semana Santa.
TRADICIONES
Y LEYENDAS ENTRETEJEN LA HISTORIA DE LAS HERMANDADES SEVILLANAS.
DESDE SUS ORÍGENES A LA ACTUALIDAD, LA IMAGINACIÓN OTORGAN UN HALO
DE MISTERIO QUE ACRECIENTA LA DEVOCIÓN O EL TERMOR... DE DIOS. DESDE
LA HECHURA DEL CACHORRO A LA VISITA DEL GRAN PODER O LA AUTORÍA DEL
CRISTO DE LA BUENA MUERTE, CUENTOS DE HISTORIAS QUE LLENAN PÁGINAS Y
PÁGINAS, PERO ¿QUÉ TIENEN DE REALIDAD?
Cuando
aquel año salió por primera vez en procesión a la calle el Viernes
Santo la nueva imagen de la Hermandad del Patrocinio, el vecindario
de Triana al ver en la cruz el Cristo de la Expiración comenzó a
prorrumpir en gritos de admiración y de sorpresa. -¡Mirad, si es el
Cachorro!¡Si es el Cachorro!.
Con
esa maestría culmina el relato de la leyenda del Cachorro José
María de Mena en su libro tradiciones y leyendas sevillanas.
¿Cuánto hay de verdad y cuánto
de leyenda en esta narración?
Toda
Hermandad que se precie tiene su propia leyenda. La Macarena, La
Estrella, La Sagrada Mortaja, El Santo Crucifijo de San Agustín
(ahora titular de San Roque)... hasta el Gran Poder, que fue a
visitar a un hombre a su casa porque no quiso él ir a verle al
templo. Y esto “no es una leyenda ni una tradición antigua, sino
un suceso moderno, tanto que todavía hoy (la edición del libro es
de Diciembre de 1985) están vivos sus protagonistas”. Y es que la
lluvia forzó al Señor de Sevilla a refugiarse en un portal en la
calle Eduardo Dato cuando se dirigía Nervión con motivo de Santa
Misión de 1965. “Atardecía más oscuro el día que lo
acostumbrado que estaba el cielo cubierto y que no cesaba de llover.
A esta hora, el hombre cerró su taller mecánico y alzándose el
cuello de la chaqueta para protegerse algo contra la lluvia, se
dirigió a su casa. Y de repente, al entrar en el portal, vio, a la
luz de los cirios, la impresionante figura del Señor del Gran Poder,
con la Cruz a cuestas, y la dramática expresión del rostro, mirando
hacia él fijamente. El hombre sintió que se le aflojaban las
piernas.
Los
jóvenes de Estudio Buenavista emprendieron hace cuatro años el reto
de contar estas y otras leyendas en forma de cómic y, desde
entonces, cada Cuaresma ve la luz un nuevo número de Viñetas
Cofrades.
Pero
las leyendas más desconocidas son las que van surgiendo en lo
últimos años, “historias piadosas en unos casos y, en otras,
fruto de la devoción que van más allá de la realidad”, apunta
José Manuel García Bautista, apasionado de los misterios, las
leyendas y apariciones, de libros como Guía Secreta de
Sevilla, que en los volúmenes 3
y 4 se centra precisamente en tradiciones y leyendas de la Semana
Santa. Es el caso que le sucedió a Ana López en una fría tarde de
1999. En la Soledad de la Capilla de Los Ángeles, Ana le rezaba al
Cristo de la Fundación por un familiar enfermo “con intensidad y
con rabia”. De pronto una voz la llamó:
“Ana...,Ana...¿por qué
lloras?”. “Ana alzó la cabeza y allí estaba su Cristo mirándola
fijamente, esperando una respuesta...”. Ella salió huyendo y al
llegar a casa encontró que su familiar había experimentado una
mejoría. “Estamos ante una vivencia personal, con nombre y
apellidos, quizás difícil de demostrar pero de indudable veracidad.
Y planteo: ¿qué haría usted si rezando ante su imagen ésta cobra
movimiento y le presta su ayuda? El impacto debe ser tremendo”.
·El propio Cristo de la Buena
Muerte se encargó de demostrar que era Juan de Mesa pese los
incrédulos.
Entre las leyendas “válidas y
reales”, García Bautista destaca la que, en principio, atribuía
la autoría del Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes a Juan
de Mesa: “para muchos no era más una leyenda, para otros era
indiscutible y, finalmente, el propio Cristo se encargó de
demostrarlo” . Durante mucho tiempo se dudó de la originalidad de
este crucificado, pero esta duda se despejaría en 1983.
Aquel
año el Cristo de Buena Muerte era trasladado para celebrar el
quinario en la Iglesia de la Anunciación, su antigua sede, desde la
Capilla del Rectorado. En el traslado, al Cristo se le desprendió la
cabeza del cuerpo. “La consternación fue grande entre quienes lo
acompañaban”. Francisco Arquillo se encargó de su restauración y
encontró en su interior el documento que acreditaba “Ego feci
Joannes de Mesa, anno 1620” (Me hizo Juan de Mesa en el año 1620).
Le acompañaba otro documento que dejaba constancia de la
finalización de la obra el 8 de Septiembre del mismo año. Y es que
el 13 de Marzo de 1620, en la profesa de la Compañía de Jesús en
Sevilla, el Jesuita Pedro de Urtiaga contrataba los servicios del
insigne imaginero cordobés. Aquel encargo daba por escrito: “dar
hechas y acabadas dos imágenes de escultura, la una con Cristo
Crucificado y la otra con Magdalena abrazada al pie de la Cruz, de
madera de Cedro y con la estatura normal humana”. Aquel contrato de
Juan de Mesa.
La
Palma de María. Hay
muchas leyendas que recorren la ciudad sobre las cofradías, alguna
más que otras, como la que se cuenta del anciano y el sacrilegio
verbal que protagoniza sobre la virginidad de María en torno a una
palmera en el antiguo cementerio de San Juan de la Palma.
Pero hay otras leyendas más
cuestionables. A García Bautista le resulta “particularmente
evocadora” la referida a la Virgen de la Palma, titular de la
hermandad del Buen Fin. Esta corporación fue fundada en 1590 por el
gremio de curtidores en San Juan de la Palma y refundada en 1883.
Reorganizada en 1908, da paso a la hermandad tal como la conocemos.
“En 1537, un maleante se acercó al cementerio de la iglesia
aquella noche y apoyado en una palmera dijo: “Palma, la Madre de
Dios quedó no Virgen después del parto”. Denunciado por un Señor
mayor escandalizado por el sacrilegio verbal, no tardó demasiado en
ser cazado aquel hereje”. Éste lo negó todo y fueron a buscar al
anciano a su casa. Abrió la puerta un joven que sólo acertó a
decir que los datos del denunciante correspondían a su abuelo que
“lleva enterrado 80 años al pie de una palma del cementerio de la
Iglesia de San Juan de la Palma”, la misma palmera en la que se
había apoyado el hereje.
No
obstante, el autor también de Madrugá
de Pánico, sobre
los sucesos de aquella noche del año 2000, admite que estos sucesos
pueden ser “respuestas psicológicas”, “fruto de la sugestión
o de la fe desesperada del momento”. “Lo cierto es que Sevilla
teje en torno a sus hermandades bellísimas historias que merecen la
pena ser conocidas bien porque sean parte de la leyenda o porque sean
del reino de la realidad. En cualquier caso, es difícil tasar la
verosimilitud de estas historias, quizás, en muchos casos, sea una
cuestión de fe”.

.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario