domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Cuento?


De la hechura del Cachorro a la visita del Gran Poder a un vecino de Nervión. Tradiciones y leyenda entretejen la historia de las cofradías sevillanas.
Agonía historiada. Ruiz Gijón concibió al Cristo de la Expiración en base en base a aquel moribundo de la Cava herido de muerte por un puñal. La historia ha sido asumida por todos, incluida por la propia que acogió la dominación de Cachorro de Triana.
¿Cuento o realidad?
Leyendas que sustentan las devociones de nuestra Semana Santa.
TRADICIONES Y LEYENDAS ENTRETEJEN LA HISTORIA DE LAS HERMANDADES SEVILLANAS. DESDE SUS ORÍGENES A LA ACTUALIDAD, LA IMAGINACIÓN OTORGAN UN HALO DE MISTERIO QUE ACRECIENTA LA DEVOCIÓN O EL TERMOR... DE DIOS. DESDE LA HECHURA DEL CACHORRO A LA VISITA DEL GRAN PODER O LA AUTORÍA DEL CRISTO DE LA BUENA MUERTE, CUENTOS DE HISTORIAS QUE LLENAN PÁGINAS Y PÁGINAS, PERO ¿QUÉ TIENEN DE REALIDAD?
Cuando aquel año salió por primera vez en procesión a la calle el Viernes Santo la nueva imagen de la Hermandad del Patrocinio, el vecindario de Triana al ver en la cruz el Cristo de la Expiración comenzó a prorrumpir en gritos de admiración y de sorpresa. -¡Mirad, si es el Cachorro!¡Si es el Cachorro!.
Con esa maestría culmina el relato de la leyenda del Cachorro José María de Mena en su libro tradiciones y leyendas sevillanas. ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda en esta narración?
Toda Hermandad que se precie tiene su propia leyenda. La Macarena, La Estrella, La Sagrada Mortaja, El Santo Crucifijo de San Agustín (ahora titular de San Roque)... hasta el Gran Poder, que fue a visitar a un hombre a su casa porque no quiso él ir a verle al templo. Y esto “no es una leyenda ni una tradición antigua, sino un suceso moderno, tanto que todavía hoy (la edición del libro es de Diciembre de 1985) están vivos sus protagonistas”. Y es que la lluvia forzó al Señor de Sevilla a refugiarse en un portal en la calle Eduardo Dato cuando se dirigía Nervión con motivo de Santa Misión de 1965. “Atardecía más oscuro el día que lo acostumbrado que estaba el cielo cubierto y que no cesaba de llover. A esta hora, el hombre cerró su taller mecánico y alzándose el cuello de la chaqueta para protegerse algo contra la lluvia, se dirigió a su casa. Y de repente, al entrar en el portal, vio, a la luz de los cirios, la impresionante figura del Señor del Gran Poder, con la Cruz a cuestas, y la dramática expresión del rostro, mirando hacia él fijamente. El hombre sintió que se le aflojaban las piernas.
Los jóvenes de Estudio Buenavista emprendieron hace cuatro años el reto de contar estas y otras leyendas en forma de cómic y, desde entonces, cada Cuaresma ve la luz un nuevo número de Viñetas Cofrades.
Pero las leyendas más desconocidas son las que van surgiendo en lo últimos años, “historias piadosas en unos casos y, en otras, fruto de la devoción que van más allá de la realidad”, apunta José Manuel García Bautista, apasionado de los misterios, las leyendas y apariciones, de libros como Guía Secreta de Sevilla, que en los volúmenes 3 y 4 se centra precisamente en tradiciones y leyendas de la Semana Santa. Es el caso que le sucedió a Ana López en una fría tarde de 1999. En la Soledad de la Capilla de Los Ángeles, Ana le rezaba al Cristo de la Fundación por un familiar enfermo “con intensidad y con rabia”. De pronto una voz la llamó:
Ana...,Ana...¿por qué lloras?”. “Ana alzó la cabeza y allí estaba su Cristo mirándola fijamente, esperando una respuesta...”. Ella salió huyendo y al llegar a casa encontró que su familiar había experimentado una mejoría. “Estamos ante una vivencia personal, con nombre y apellidos, quizás difícil de demostrar pero de indudable veracidad. Y planteo: ¿qué haría usted si rezando ante su imagen ésta cobra movimiento y le presta su ayuda? El impacto debe ser tremendo”.
·El propio Cristo de la Buena Muerte se encargó de demostrar que era Juan de Mesa pese los incrédulos.
Entre las leyendas “válidas y reales”, García Bautista destaca la que, en principio, atribuía la autoría del Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes a Juan de Mesa: “para muchos no era más una leyenda, para otros era indiscutible y, finalmente, el propio Cristo se encargó de demostrarlo” . Durante mucho tiempo se dudó de la originalidad de este crucificado, pero esta duda se despejaría en 1983.
Aquel año el Cristo de Buena Muerte era trasladado para celebrar el quinario en la Iglesia de la Anunciación, su antigua sede, desde la Capilla del Rectorado. En el traslado, al Cristo se le desprendió la cabeza del cuerpo. “La consternación fue grande entre quienes lo acompañaban”. Francisco Arquillo se encargó de su restauración y encontró en su interior el documento que acreditaba “Ego feci Joannes de Mesa, anno 1620” (Me hizo Juan de Mesa en el año 1620). Le acompañaba otro documento que dejaba constancia de la finalización de la obra el 8 de Septiembre del mismo año. Y es que el 13 de Marzo de 1620, en la profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla, el Jesuita Pedro de Urtiaga contrataba los servicios del insigne imaginero cordobés. Aquel encargo daba por escrito: “dar hechas y acabadas dos imágenes de escultura, la una con Cristo Crucificado y la otra con Magdalena abrazada al pie de la Cruz, de madera de Cedro y con la estatura normal humana”. Aquel contrato de Juan de Mesa.
La Palma de María. Hay muchas leyendas que recorren la ciudad sobre las cofradías, alguna más que otras, como la que se cuenta del anciano y el sacrilegio verbal que protagoniza sobre la virginidad de María en torno a una palmera en el antiguo cementerio de San Juan de la Palma.
Pero hay otras leyendas más cuestionables. A García Bautista le resulta “particularmente evocadora” la referida a la Virgen de la Palma, titular de la hermandad del Buen Fin. Esta corporación fue fundada en 1590 por el gremio de curtidores en San Juan de la Palma y refundada en 1883. Reorganizada en 1908, da paso a la hermandad tal como la conocemos. “En 1537, un maleante se acercó al cementerio de la iglesia aquella noche y apoyado en una palmera dijo: “Palma, la Madre de Dios quedó no Virgen después del parto”. Denunciado por un Señor mayor escandalizado por el sacrilegio verbal, no tardó demasiado en ser cazado aquel hereje”. Éste lo negó todo y fueron a buscar al anciano a su casa. Abrió la puerta un joven que sólo acertó a decir que los datos del denunciante correspondían a su abuelo que “lleva enterrado 80 años al pie de una palma del cementerio de la Iglesia de San Juan de la Palma”, la misma palmera en la que se había apoyado el hereje.
No obstante, el autor también de Madrugá de Pánico, sobre los sucesos de aquella noche del año 2000, admite que estos sucesos pueden ser “respuestas psicológicas”, “fruto de la sugestión o de la fe desesperada del momento”. “Lo cierto es que Sevilla teje en torno a sus hermandades bellísimas historias que merecen la pena ser conocidas bien porque sean parte de la leyenda o porque sean del reino de la realidad. En cualquier caso, es difícil tasar la verosimilitud de estas historias, quizás, en muchos casos, sea una cuestión de fe”.


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