domingo, 24 de noviembre de 2013

Una Lanzada a Monte-Sión.


Cuesta entender lo ocurrido este mes de Octubre entre la Lanzada y Monte-Sión. Apenas unos metros separan a estas dos cofradías, pero los hechos ponen de manifiesto que más bien hay kilómetros de distancia. El método empleado por la nueva junta de gobierno de la Lanzada para comunicar las nuevas condiciones de hospedaje en la Iglesia de San Martín no corresponde a los vínculos que aseguran haber tenido siempre ambas corporaciones del barrio de la Feria. Una fría carta en el buzón de la Casa Hermandad de Monte-Sión en la que la Lanzada le requiere dinero (mil euros, para más señas) por celebrar en la iglesia de San Martín el septenario a la Virgen del Rosario, previsto para finales de este mes de Octubre. No es una cuestión de dinero lo que aquí se dirime, sino más bien de formas y de falta de diálogo. ¿No ha habido ni un sólo momento para que ambos hermanos mayores se sienten y hablen tranquilamente del tema? Desde Monte-Sión se aclara que se a intentado, sin suerte, contactar por teléfono, aunque La Lanzada insiste en que nadie les ha llamado. En esta nueva polémica, en los que curiosamente está también La Lanzada, se me a la cabeza los diálogos del Gran Gila, en los que hablaba de guerra pero al otro lado del hilo telefónico no había nadie. Pero, visto lo visto, no está la cosa para hacer muchos chistes sino para que ambas juntas de gobierno reflexionen sobre lo sucedido y se dejen de misivas y llamadas telefónicas que esto es Sevilla y ellas son hermandades de la misma Iglesia, sea en capilla, iglesia o Catedral donde se programen los cultos.
Daños colaterales en la calle Feria.
Al conocerse la noticia de los 100 euros por noche por morar en San Martín y la decisión de Monte-Sión de celebrar los cultos en la capilla, no han tardado los ofrecimientos de otros templos próximos, como en la Iglesia de Santiago, de la Redención, Santa Marina, de la Resurrección, San Julián con la Hiniesta y hasta el mismo párroco de San Vicente. Sin embargo, la junta de gobierno que preside desde hace unos meses Manuel Soto Díaz ha optado por “no improvisar” y mantener los cultos en la capilla después de haber comunicado ya este cambio a los hermanos. Sin embargo, lamentan los “daños laterales” que conlleva para los proveedores de la hermandad. Ante este contratiempo, la cofradía del Jueves Santo se ha vito obligada a anular pedidos de ceras (200 vela menos) y la mitad de las flores previstas para el altar que desde hace ocho años se monte en San Martín. Pese a todo, se muestran cautos y aún no hablan del templo alternativo para los próximos cultos: el quinario para el Señor de la Oración en el Huerto, para principios del próximo año. “Queremos dejar pasar el tiempo. No guardamos rencor, pero es una situación inverosímil con todo lo que hemos vivido juntos ambas hermandades”, se sincera en Monte-Sión. Eso, sí bromean con el tiempo: “Esperemos que no llueva, pues así habilitaríamos el compás, la casa hermandad y hasta la calle”.  

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