Cuesta
entender lo ocurrido este mes de Octubre entre la Lanzada y
Monte-Sión. Apenas unos metros separan a estas dos cofradías, pero
los hechos ponen de manifiesto que más bien hay kilómetros de
distancia. El método empleado por la nueva junta de gobierno de la
Lanzada para comunicar las nuevas condiciones de hospedaje en la
Iglesia de San Martín no corresponde a los vínculos que aseguran
haber tenido siempre ambas corporaciones del barrio de la Feria. Una
fría carta en el buzón de la Casa Hermandad de Monte-Sión en la
que la Lanzada le requiere dinero (mil euros, para más señas) por
celebrar en la iglesia de San Martín el septenario a la Virgen del
Rosario, previsto para finales de este mes de Octubre. No es una
cuestión de dinero lo que aquí se dirime, sino más bien de formas
y de falta de diálogo. ¿No ha habido ni un sólo momento para que
ambos hermanos mayores se sienten y hablen tranquilamente del tema?
Desde Monte-Sión se aclara que se a intentado, sin suerte, contactar
por teléfono, aunque La Lanzada insiste en que nadie les ha llamado.
En esta nueva polémica, en los que curiosamente está también La
Lanzada, se me a la cabeza los diálogos del Gran Gila, en los que
hablaba de guerra pero al otro lado del hilo telefónico no había
nadie. Pero, visto lo visto, no está la cosa para hacer muchos
chistes sino para que ambas juntas de gobierno reflexionen sobre lo
sucedido y se dejen de misivas y llamadas telefónicas que esto es
Sevilla y ellas son hermandades de la misma Iglesia, sea en capilla,
iglesia o Catedral donde se programen los cultos.
Daños
colaterales en la calle Feria.
Al
conocerse la noticia de los 100 euros por noche por morar en San
Martín y la decisión de Monte-Sión de celebrar los cultos en la
capilla, no han tardado los ofrecimientos de otros templos próximos,
como en la Iglesia de Santiago, de la Redención, Santa Marina, de la
Resurrección, San Julián con la Hiniesta y hasta el mismo párroco
de San Vicente. Sin embargo, la junta de gobierno que preside desde
hace unos meses Manuel Soto Díaz ha optado por “no improvisar” y
mantener los cultos en la capilla después de haber comunicado ya
este cambio a los hermanos. Sin embargo, lamentan los “daños
laterales” que conlleva para los proveedores de la hermandad. Ante
este contratiempo, la cofradía del Jueves Santo se ha vito obligada
a anular pedidos de ceras (200 vela menos) y la mitad de las flores
previstas para el altar que desde hace ocho años se monte en San
Martín. Pese a todo, se muestran cautos y aún no hablan del templo
alternativo para los próximos cultos: el quinario para el Señor de
la Oración en el Huerto, para principios del próximo año.
“Queremos dejar pasar el tiempo. No guardamos rencor, pero es una
situación inverosímil con todo lo que hemos vivido juntos ambas
hermandades”, se sincera en Monte-Sión. Eso, sí bromean con el
tiempo: “Esperemos que no llueva, pues así habilitaríamos el
compás, la casa hermandad y hasta la calle”.

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